Entre la hiel y el Almíbar
La historia colectiva y la de cada uno de nosotros, funciona con movimientos pendulares, que somos lo que somos con una gran dosis de relativismo a pesar de nuestros compromisos y convicciones.
Lo vemos de forma más clara en el ámbito de la política, que aunque muchos no lo crean nos afecta a todos en todo momento, y así en determinados períodos produce y genera todo el apoyo y la admiración de la comunidad, y en otros no sólo resulta ineficaz, sino que provoca alergia, contestación y rechazo.
Espero que a través de esta lectura, se planteen que no es admisible la desvirtuación de la condición y la realidad humana, desde la defensa numantina de un inmovilismo sin sentido. Son los incapacitados para construir nada valioso, y que sólo conciben una realidad autárquica, cerrada y particular, donde el dogmatismo, el fanatismo y la intolerancia son las prácticas de un mundo que todos debemos aspirar a que cada día sea mejor.

